Las 150 canciones de la década: 2004, el año fantástico.

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¿Han visto explotar una ballena? Varios taiwaneses sí: había tanto gas en el interior del cetáceo, que tras llevar un tiempo varada en la playa, explotó. Su sangre y vísceras pernearon a los espectadores y negocios que estaban cerca de ella, el 26 de enero del segundo año bisiesto de la década, que por cierto comenzó un jueves.

Entre otras tragedias que ocurrieron este año, el tres de enero un avión con 148 pasajeros se estrelló en el Mar Rojo, matándolos a todos; el primero de febrero durante el Hajj en Arabia Saudita mueren 251 peregrinos; un apartamento de 11 pisos se derrumba en Turquía con sus inquilinos dentro: mueren 90; un hombre-bomba mata a 41 en Moscú; un carro bomba mata a 50 en Baghdad; en Marruecos un terremoto de 6.5 grados mata a 400 personas; pero nada de esto se compararía con una tragedia aún mayor y que seguiría siendo la perdición del mundo hasta este año: en Cambridge, Massachussets, fundan una red social terriblemente adictiva y peligrosa: Facebook.

Las repercusiones de haber apoyado la guerra comienzan a sentirse en Madrid, España, cuando el once de marzo sufren una serie de ataques terroristas. Así como el empresario estadounidense judío Nick Berg en Irak: Al Qaeda distribuye de forma viral el vídeo de su decapitación a manera de advertencia.

No conformes con cuatro años de mal gobierno ultraconservador –y a pesar de que en febrero reconocieron que no había armas en Irak, lo que se supone era, el fin de la invasión- los gringos reeligen a George Bush como su presidente. John Kerry –que la verdad sí era un candidato un tanto insípido- a pesar de haber contado con el apoyo de gente como Madonna, se va con las manos vacías.

En nuestro país se firma el tratado de libre comercio con Japón mientras el Golfo de México se ve seriamente afectado por Iván; un ex director de videoclips filma la que algunos es la gran película mexicana y que para otros es la peor: Temporada de Patos (yo soy un justo medio más enfocado a los primeros); Jaime Maussán hace públicos vídeos de la Fuerza Aérea Mexicana que ponen en duda a varios respecto a su creencia en los OVNI’s; sin embargo, nada de esto parecerá importar en el año de los videoescándalos y el desafuero de Andrés Manuel López Obrador.

El año cierra con uno de los desastres naturales más grandes que la humanidad haya presenciado: el 26 de diciembre un terremoto de 9.6 grados en el Océano Índico provoca olas de hasta treinta metros de altura.

En el mundo de la música, Britney comienza a dar atisbos de locura a principios de año, cuando en tan sólo dos días, se casa y divorcia con un compañero de la infancia. George Michael anuncia su retiro de la música con un último gran álbum de pop: Patience (con las gloriosas Amazing y Glorious Box). Aparece Keane en el mapa musical. Madonna arma el que, hasta ahora, considero su mejor tour conceptualmente hablando, para sacar la lanita perdida por el incomprendido American Life: Re-Invention Tour.  Muere el gran Ray Charles.  El estado de Illinois demanda a Dave Mathews Band por tirar, accidentalmente, 360 kilogramos de mierda humana sobre un bote de tours, todo esto de manera accidental. Hablando de mierda, Ashlee Simpson es descubierta haciendo lip synching en Saturday Night Live. El mundo vuelve al euro pop trashero con Dragoste Din Tei. Una nueva banda se presenta con el sencillo Mr. Brightside dicen que se llaman The Killers. Britney Spears, en su mejor época, publica la que ahora es considerada una de las canciones de la década: Toxic. Y otros dos nuevos artistas parecen prometer: unos, son unos canadienses que se hacen llamar Arcade Fire, otra es una chica de Sri Lanka residente en Londres, su nombre lo presenta con iniciales: M.I.A.

Por mi parte, este año estaré más enamorado que nunca de P.; conoceré a la que se convertirá en una de mis guías principales en la vida, musas, hags y raíz de grandes amigos: Rosa Elena. Emprenderé un viaje de tres meses en el extranjero que me cambiará por completo para regresar a México y enfrentarme con una de la, hasta ahora, crisis familiar más grave que he tenido. Mi entonces novio me consigue también mi primera presentación en vivo: tocando mi música y cantando en un histórico bar de Puebla: el Xperimental.

Será, en pocas palabras, el año fantástico, pues tantos eventos increíbles juntados en un mismo lapso suena imposible, pero cierto; cosas inimaginables, lugares impensables, gente con la que sólo soñaba y espacios que jamás creí ciertos estarán todos en este año. Es el último año de la fantasía, pues este año tendré que madurar, aunque yo no quiera.

2004: El año fantástico.


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69. Air · Cherry Blossom girl

Talkie Walkie / 2004

Amo a las chicas. Las chicas lindas. Por eso me rodeo de ellas. Y cuando digo chicas lindas, no es precisamente una cuestión física, sino más bien, de personalidad. Hay algo en las mujeres que me enamora y me jala hacia ellas, me hace dependiente de ellas. Precisamente en el año fantástico aparece una canción llena de esa magia tan particular que veo en las chicas y que me fascina: Cherry Blossom girl. Tanta delicadeza, tanta sensualidad, tanta belleza, juntas en un solo tema y en una sola chica. La única de la que, puedo decir con toda certeza, me he enamorado incluso sabiéndome gay. Si el lector es lo suficientemente paciente, encontrará en este blog a esa chica.

70. Annie · Heartbeat

Anniemal / 2004

Anniemal fue un evento para muchos, y Heartbeat todavía más. Esta composición/colaboración de Annie con los Röyksopp encantó a los críticos, entre ellos los de Pitchfork, que la nombraron la canción de 2004 y la número 17 entre sus 550 canciones de la década. En el 2005 la vi en vivo en el MX Beat y ahí me enamoré de ella. Cuando descubrí este disco, no entendía la mezcla: era pop con melodías que podrían ser perfectamente comerciales, pero estaba en el Indie, gustaba por igual a los unders y a los mains, tenía buenas letras, voz inocente pero imágenes a veces perversas ¿Qué pasaba? Annie no sólo devolvió el amor y respeto por la música bailable con esta canción al narrar un encuentro en una disco, sino que logró lo que pocos: llevar varios mundos a un campo neutral en el que, en vez de discutir, bailaran.

71. Blonde Redhead · Equus

Misery is a Butterfly / 2004

La primera obra de teatro que fui a ver solo fue Equus en el año 2000, por lo que le tengo un cariño muy particular –pese a lo que el buen Panchito Campoamor diga de ella-. Además, entendía al grado de la identificación la pasión desbocada e incomprendida de su protagonista –quien, por cierto, siempre debe hacer un exquisito desnudo en el cuerpo de exquisitos actores-. Blonde Redhead se presentaba con una canción que hablaba de esto y, además, parecía compartir el angst del texto, con la desesperación de su protagonista y el debido grado de perversión. Desde ese día, muchas noches de tristeza tendrían el nombre googlistico de muchos vídeos porno.

72. Ely Guerra · Quiéreme mucho

Sweet and sour, hot & spicy / 2004

Tomándole prestadas unas cuantas notas al Bésame mucho de Consuelo Vázquez, Ely Guerra nos dio a muchos la canción de amor definitiva de 2004 –además de uno de los mejores discos en español que se hayan publicado-. En mi caso, me dio la canción ideal para una reconciliación. P. y yo nos habíamos peleado al grado de estar a punto de cortar durante Semana Santa. Yo estaba decidido a dejar todo ahí. Sin embargo, una tarde, todo mi enojo se disolvió cuando escuché una y cada una de las palabras que Ely tuvo que decirme. En ese momento, una serie de imágenes, idílicas unas, pasadas otras, pasaron por mi cabeza. Acabé de romperme justo en ese momento en el que la canción se detiene y Ely simplemente empieza a cantar sin palabras. Cogí el teléfono, le marqué y le pedí que, por favor, nunca dejara de quererme.

73. Fangoria · No sé qué me das

Naturaleza muerta / 2001

Debido a otro error de catalogación por parte de la redacción (a.k.a. mi despiste), omití esta canción en la lista que le correspondía. Desde que me encontré con ellos en Una temporada en el infierno, Fangoria ha sido una absoluta fascinación: la mística de once canciones originales y un cóver por álbum; la cita de algún libro, personaje, película o canción al interior de cada disco; la dinámica Pet Shop Boys entre Alaska y Nacho; los guiños y referencias en las letras; los sintetizadores, de nuevo, emulando al dueto inglés. Naturaleza muerta es justo el momento en el que Alaska y Nacho vuelven a experimentar el éxito masivo, combinado con la esencia del underground. De los doce temas del disco tengo historia con al menos ocho de ellos. Podría haber elegido cualquiera de esos ocho (el debate se puso realmente intenso con Hombres), pero No sé qué me das fue la canción que inició todo el estallido. Gracias a ella, Fangoria comenzó a ponerse en los antros mexicanos así como en la radio de este país. La voz de Alaska, por desentonada que pueda llegar a ser y que jamás pensé escuchar en sitios tan públicos, me hizo volar durante toda la década.

74. Felix da Housecat · Neon Humans

Devind Dazzle & the Neon Fever / 2004

El fantasma de Ziggy Stardust hizo que Felix da Housecat hiciera álbumes conceptuales de los que, de casi todos, podría haber elegido una canción para este conteo. Felix da Housecat (ya lo vimos con el remix que le hizo a Dot Allison) fue mi maestro del electro y a cada álbum era una lección.  Elegí esta canción por varias razones: en primer lugar, este disco representó un momento importante en mi relación –sí, sé que el electroclash puede no ser muy romántico-, en segundo lugar fue el primer disco físico que tuve de Felix y, por último, tiene algunas de mis favoritas y que considero de sus mejores canciones: Ready 2 wear posee la nostalgia única del electro que nos hace extrañar algo que posiblemente no hemos vivido; Everyone is someone in LA es una afirmación que podría ser aplicad a cualquier ciudad del mundo; Watching cars go by es uno de los temas más bailables de Felix –créanme, bájenlo y pónganlo en el momento climático de sus fiestas y verán cómo les funciona-; Nina es absolutamente dedicable y Neon Humans, el tema que cierra la historia de Devin Dazzle es, a mi gusto, una especie de declaración o statement del electro: es plenamente ochentera, absolutamente nostálgica, increíblemente bailable, climática y heroica.

75. Franz Ferdinand · The dark of the Matinée

Franz Ferdinand / 2004

Sí, sé que muchos estarán pensando: “¿Y por qué diablos no escogió Take me out si es el verdadero himno de 2004?”. En efecto, reconozco que tal vez aquella es más “canción de la década” que ésta, sin embargo, The dark of the matinée fue mi primera aproximación a esta banda escocesa que haría historia. Fue en un hostal italiano. Llegué a la sala siguiendo a un guapo chico italiano que me había robado el aliento que, sin embargo, pasó a segundo plano cuando me senté junto a él a ver la TV: cuatro jóvenes desgarbados cantaban con bastante ironía en blanco y negro, dentro de un salón de clases. La canción, que de tan culpable era pegajosa, me acompañó el resto del viaje, y aunque no me supiera la letra aún, la melodía no podía salirse. El dance rock tendría a sus nuevos archiduques que tardarían mucho más que su homónimo en irse.

76. Gwen Stefani · The Real Thing

Love, Angel, Music, Baby / 2004

Durante años me negué a aceptarlo, pero a los de Pitchfork se les escapó decir lo que muchos pensábamos de este track: “los co-productores y co-artistas de este tema, New Order, le quitaron lo bizarro, lo triangular y lo amoroso a Bizarre love triangle lo suficiente como para que los millones de personas que conocieron a la banda a través de Karaoke Revolution no notaran las similitudes”. Con Bizarre love triangle tengo una relación de las que ya he contado: sé que en otra vida fue una canción esencial para mí en el momento que salió. Pero, lamentablemente para mi yo ochentero que murió de una sobredosis, yo apenas contaba con un año cuando salió la canción. En 2004, pervirtiendo toda la magia del tema original, Gwen Stefani armó uno de los Frankenstein’s más hermosos que pueda haber para darnos a muchos un posible final a la historia que Peter Hook y Bernard Summer empezaron a contar en 1986. En mi caso fue el tema que acabó por definir todo lo que tenía con P., palabra por palabra, y pésele a quien le pese.

P.D. Desde un principio Gwen declaró que quería que este disco fuese un placer culpable. Reconozco que si una de las canciones esenciales de mi soundtrack está compuesta por Linda Perry, entonces sí, es un placer muy, muy culpable. Y eso te incluye a ti, Nick Sylvester.

77. Kashmir · Rocket Brothers

Zitilities / 2004

“I miss you so much, boy /

Ya desde estas épocas me bajaba o conseguía varios discos a la semana que se quedaban en la bandeja de “Cosas por escuchar”. Kashmir llegó a mí tras avivar mis pasiones anti corporativistas y anti capitalistas al hacer volar el edificio de Dantoex, con Amy, su secretaria. Estando a la deriva de los viajes y a la suerte de uno mismo, fue difícil encontrar amigos o buenas personas en tierra desconocida. Una vez encontrado un gran amigo, fue mucho más difícil no enamorarse. Cuando uno está tan cerca de alguien y esta persona llega más cerca de lo que en circunstancias normales permitiría a alguien acercarse, cuesta trabajo distinguir entre la amistad y el romance. Sin embargo, a veces olvidamos que puede haber puntos intermedios o extrañas combinaciones –finalmente Freud decía que las amistades eran romances no consumados-. Los Kashmir musicalizaron ese tipo de relaciones con Rocket Brothers –que se visualizaba en uno de los vídeos más perversamente tiernos jamás hechos-: dos amigos que se quieren profundamente y no pueden estar sin el otro, a pesar de la gente  y/o responsabilidades que aparezcan en la vida de cada uno. Como nunca supe exactamente qué fue lo que ocurrio con M. en aquel 2004, concluí que me había hecho de mi propio Rocket brother.

78. Kings of conveniente · I’d rather dance with you

Riot on an empty street / 2004

Ya que estamos hablando de la ternura y dulzura masculinas, es necesario decir que éstas tienen nombre y gafas de pasta: Erlend Oye. Ya sea con los Kings of Convenience, con The Whitest Boy Alive, dando sus patadas de DJ o con quien se le ocurre juntarse, Erlend demostró mucho antes que The Big Bang Theory que los nerds tenían sentimientos y podían ser adorables. I’d rather dance with you es el “qué-hubiera-pasado-si-Billy-Elliot-en-vez-de-ser-gay-industrial-de-clóset-fuese-nerd”, o también es el resultado de lo que habría pasado si Napoleon Dynamite hubiera tomado clases de baile en vez de votar por Pedro. La importancia de esta canción recae en ser el link comercial que mejor demuestra la esencia de los Kings. Sea quien sea o como se vea, Erlend siempre es capaz de llevar su sensibilidad muy particular a un plano muy general.  Y ésta canción, está en el plano más general de todos. Eso y que el autor de este blog tiene la debilidad más particular por los Nerds.

79. Le Tigre · I’m so excited

This Island / 2004

Quien no baile con esta versión es porque tiene un semáforo todavía más atorado en el culo que Robert Pattison en Crepúsculo. En serio, la fórmula era tan simple que nadie la había visto: Le Tigre y su bastardismo pop LGBT + Las Pointer Sisters  con todo el fluo, lentejuela y spray ochenteros = una de las canciones más enérgicas de la década. Si a la operación anterior le agregamos que en cada nota que canta pareciera que Kathleen Hanna, la vocalista, nos ruega que no la abandonemos nunca, entonces tenemos una joyita para la pista de baile –recomiendo, por cierto, ponerla siempre como cierre de set, suele hacerlos históricos-. Y si a todo lo anterior le agregamos el hecho de que Hanna ha sido piedra angular/tras bambalinas de la música durante los últimos diez años, entonces no podemos adorar a Le Tigre más. Si no, vayan y pregúntenle a Kurt Cobain quién le dio el título para Smells like teen spirit.

80. Modest Mouse · Float on

Good news for people who love bad news / 2004

Un título esperanzadoramente desesperanzador o viceversa puso en todos lados a Modest Mouse, quienes a pesar de tener un rato en el negocio tuvieron reconocimiento internacional hasta este álbum. Yo experimenté algo muy curioso con el orden de las canciones de este disco: Descubrí el primer track, The World at large, estando precisamente de viaje. Todo lo que ellos describían en su canción parecía una narración exacta de lo que me había pasado, era como si me estuviesen siguiendo a escondidas. Mi creencia de que los MM estaban detrás de mí, narrando lo que me ocurría se reafirmó cuando en noviembre de 2004 tuve una de las crisis familiares más grandes –si no es que la más-. Esta crisis acarreó consigo el giro más radical de mi vida así como una de las depresiones más complicadas que he experimentado. A pesar de los amigos y de todos, los únicos que tuvieron la verdadera palabra de aliento para cuando me quedaba solo fueron los Modest Mouse con su segundo track: Float on. Cuando le preguntaron en una entrevista a Isaac Borck, líder de la banda, de esta canción él dijo: “Fue algo completamente consciente. Estaba harto de todo lo mal que iban las cosas, como todo estaba oscuro todo el tiempo, con malas noticias viniendo de todos lados. […] Sólo quería sentirme bien por un día”.

81. Nouvelle Vague · In a manner of speaking

Nouvelle Vague / 2004

Si alguien tiene la culpa de que el último cuarto de la primera década hubiese estado invadido por versiones en jazz y bossa nova de las cosas más absurdas (el más reciente: Michael Jackson placed in jazz 2 o Guns’n’Roses), son los Nouvelle Vague. Por el enorme poder de las palabras y una curiosa relación de ideas surgió esta banda (Nouvelle Vague, la corriente de cine francés de los años sesenta, resulta tener el mismo nombre que el New Wave género de proto dance rock de finales de los setenta y principios de los ochenta), que adaptó algunos de los mejores temas de los ochenta en bossa nova y soft jazz. De todo su primer álbum, llega quizás el momento más doloroso: In a manner of speaking. De repente descubrimos que los Tuxeedo Moon habían hecho una de las canciones más suicidas de los ochenta. Una vez retirados todos los artificios ochenteros (que de por sí tienen su propio mérito), los Nouvelle Vague desnudaron una canción mínima y, de paso, nos desnudaron a nosotros. Si no me creen, escuchen en un momento solitario que tengan esta canción y si para cuando Camille Dalmais comienza a cantar el da da da da da no sienten algo en el estómago, entonces tal vez vamos mal.

82. PJ Harvey · The Desperate Kingdom of Love/Seagulls

Uh uh her / 2004

Probablemente los más puristas estén escuchando ahora el Stories from the city, stories from the sea de la querida Polly Jean, ya que fue votado en varias listas como su disco más representativo de esta década, pero a este disco le debo una de mis mejores memorias: Gerar, quien me trajo a Uh uh her. Con este álbum pude entender porque medio mundo del rock y más estaba enamorado de PJ: era violento (Who the fuck?), desgarrado (Shame), hipnótico (The slow drug), ácido (The life and death of Mr. Badminth) y, al final, con un sentimiento de morning alter (The darker days of me & him). Pero en esto no es lo único en lo que recae el mérito de la década de este álbum.  Uh uh her me ha dado uno de mis momentos musicales más mágicos. Tras escuchar la canción que me llevaría por uno de los senderos personales más místicos y, honestamente, viajados –The desperate Kingdom of love- me encontré con una revelación: la música se detiene y PJ decide que es necesario meter el sonido del mar y las gaviotas. Primero pensé que alguien había quemado mal el disco, pero después entendí lo que PJ quería decir: así es como suena el desesperado reino del amor. Ya ahí, me encontré con alguien, por cierto, que sólo me decía: “¿Cómo me encontraste?”. El desesperado reino del amor es uno de los viajes más intensos que he tenido, si no, lean la cantidad de desesperados posts que publiqué.

83. Scissor Sisters · Comfortably numb

Scissor Sisters / 2004

Nunca olvidaré la tarde en la que vi por primera vez este vídeo: acababa de llegar a la casa y P. Me esperaba dormido en la cama. Decidí no despertarle y me puse a ver la televisión. En MTV, tras unos comerciales, en un mar místico aparecían los que yo creí, debían ser los hijos de los Bee Gees cantando a Pink Floyd (¡!). Una travesti –que resultó no serlo- emergía de las profundidades con cara de sicótica para unirse al canto. Anguilas y medusas inundaban la pantalla electrificando con colores a los protagonistas del vídeo. Al final, todos acababan haciendo un baile de nado sincronizado. ¿Qué diablos era esa explosión de color combinada con rock, electro y franca jotería? Sí señor, las Scissor Sisters habían llegado para quedarse con uno de los mejores covers. El sonido del bajo con el que comienza la canción no pude sacarlo en todo el maldito año de mi cabeza. Me deshice la garganta tratando de hacer el falsetto de Jake Shears y no paré de mezclar, hasta hoy día, este tema.

84. Vive la Fête · Schwarzkopf (R-Kut remix the backlash)

Vive les Remixes / 2004

Es común que haya remixes (o covers) que sean mejores que la versión original: pero éste es EL remix que supera way beyond a la original. Vive la Fête son expertos en hacer de la letra más pendeja una gran canción. En este caso Els Pynno se la pasa diciendo que lo que más desea para esta tarde es el cabello negro como una estrella pop, es la nueva tendencia. Pero ¿Quién necesita que nos hablen de Marx o Freud cuando podemos mover el culo como sólo esta canción consigue hacerlo? ¿Alguien necesita de un cantante que le hable de Picasso o Lacan cuando tienes una canción estúpida que logra que hasta a tu abuela haga head banging? Algunas de las mejores escenas que he presenciado como DJ –sexo en la pista incluido- se lo debo a esta canción, que salva como ninguna otra la fiesta: ¡Que viva Viva la fiesta!

Mención especial: Kevin Johansen · Cumbiera Intelectual

Sur o no sur / 2002

Por si alguien se preguntaba en verdad si era necesario que un músico nos hable de Freud, Marx, Lacan, Picasso y anexos, la respuesta es: por supuesto que sí. Obvio no necesitamos a este músico si queremos el head banging de la abuela, pero si se trata de musicalizar el encuentro con algunas de las mujeres más importantes de tu década, ese es Kevin Johansen. Primero encontré a Rosa Elena, luego a Kevin Johansen, luego vino Gaviota y luego Elsa: mis cumbieras intelectuales por excelencia. Además, cualquiera que pueda meter en algo ligeramente bailable a toda la listada de intelectuales del siglo XX, merece alguna especie de premio. Así como la mujer que me llevó a él –y a la mitad de las cosas en mi vida actual-, merece otro.

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